El diálogo es un arma de influencia muy poderosa. Siempre se ha utilizado en los textos sagrados para imponer diferentes ideas. Y no sólo en textos sagrados, autores como Platón ya conocían el poder de persuasión del diálogo para enraizar conceptos en la gente.
Una de las razones de este poder es la ilusión de contrarréplica. En los diálogos, los escritores hablan por la voz de ambos contertulios, que van exponiendo sus ideas y sometiéndolas a su rival. Como podéis deducir si yo en realidad quiero imponer una idea, pondré argumentos débiles en boca del personaje cuyos conceptos quiero rebatir. En cambio, el personaje que representa las ideas que pretendo imponer tendrá los mejores argumentos del diálogo. Ésto hace que el lector no busque contraargumentos porque ya están en el texto, o por lo menos le cueste encontrar nuevos por una cuestión de economía. No merece la pena buscar más argumentos si en el texto ya hay algunos que han sido rebatidos.
Por eso los textos con diálogos son una forma muy fina de persuadir a la gente con nuevas ideas e imponerlas
